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Foto de Gracias Fidel, porque Armando se sintió colmado de honor con la creación de la OPM

Gracias Fidel, porque Armando se sintió colmado de honor con la creación de la OPM

19/11/2020
Por: Eloisa M. Carreras Varona , Biblioteca Nacional José Martí

(testimonio)

A lo largo de su febril existencia, los ejes del pensamiento de Armando, fueron Martí, Fidel y la Patria, por ellos latió su corazón cada segundo, desde cuando se unió a Fidel, a partir de la fundación del Movimiento 26 de Julio. Asimismo, la práctica política y su servicio a Cuba, fueron el centro de su febril actividad vital y la esencia de su vida. A la causa de la liberación cubana, subordinó todo, ello incluyó, “ambiciones, afectos, el deseo de ser feliz y hasta la propia vida” si fuera preciso. Pero en verdad, él era tan humilde y discreto, que eso lo pude confirmar después que Fidel partió a la inmortalidad, a partir de aquella triste y larga noche y de los conmovedores días de duelo subsiguientes. Al punto que ya he repetido muchas veces que fue entonces que comprendí que Armando vivió para que Fidel viviera…  

Desde su ocupación como Ministro de Cultura (diciembre de 1976 ― marzo de 1997), desempeñó esta función con espíritu rebelde y pensamiento radical, anticolonialista y liberador. De igual modo, desarrolló una amplia capacidad para orientar, escuchar y debatir; laboró partiendo de un gran respeto al trabajo artístico e intelectual y resultó ejemplar su austeridad extrema, su ejemplar laboriosidad, sistematicidad en las tareas, su cultura política y manejo de la teoría revolucionaria en los delicados asuntos en los que debía intervenir. Cuando pienso en esa etapa, mucho me regocija recordar el elogio que el amigo Omar González, uno de sus más cercanos colaboradores, pronunció sobre él en el marco de la Feria del libro 2017, entonces lo calificó como un hombre bueno, que no era capaz de hablar mal de otras personas, al punto que no lo hacía, ni siquiera con los que se lo merecían en verdad.  

Armando era, asimismo, un pensador optimista y un optimista práctico, que se hizo martiano en su hogar. Ese es el hombre que Fidel llamó en los últimos días de diciembre de 1996, para solicitarle que fundara una institución muy necesaria para Cuba, la cual se encargaría de coordinar tanto en nuestro país como en el mundo “todos los empeños con relación a la más amplia difusión y conocimiento de la vida, obra y pensamiento de José Martí y la vigencia de su cosmovisión”. 

Conservo con alegría la inmensa felicidad que Armando sintió después de sostener aquella inolvidable conversación con Fidel; porque entonces sintió que lo había ascendido a la categoría de exministro y le ratificaba la infinita confianza que había puesto en él, ante el sagrado deber que le solicitaba y que él ―una vez más― aceptó con sumo placer subrayando que, Fidel lo había colmado de honor al ofrecerle esta responsabilidad, la que consideró la mayor y más importante de toda su vida. Armando también afirmó que la llevaría adelante, inspirado en el ejemplo de las inmortales figuras de Bolívar, Martí, el Che y el propio Fidel.  

Hoy siento que todo pasó muy rápido, porque él no paraba ni un segundo de trabajar y hacer; estaba seguro que, desde estas sagradas instituciones, inspirados en el ejemplo inmortal de nuestro Apóstol, se podía defender nuestra patria en medio de la crisis de valores éticos, políticos y jurídicos y el inmenso vacío y la angustia espiritual de la moderna civilización. Por eso amanecía y terminaba el día lleno de proyectos. 

Luego de aquellos trágicos años del derrumbe del socialismo en Europa Oriental y la URSS y del embarazoso Período Especial; circunstancias en las que se intensificó la necesidad de defender el original pensamiento de la Revolución Cubana, él estaba seguro que ambas instituciones mucho debían hacer y contribuir al país y laboró febrilmente y sin descanso para ello. 

La SCJM y la OPM fueron la obsesión de Armando desde su creación hasta su último suspiro. 


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