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120 Aniversario de la BNCJM

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Foto de 120 Aniversario BNCJM- Una aproximación a la bibliografía consultada por Alejo Carpentier*

120 Aniversario BNCJM- Una aproximación a la bibliografía consultada por Alejo Carpentier*

26/12/2020
Por: Araceli García Carranza, Biblioteca Nacional José Martí

Innegablemente existe una bibliografía paralela y complementaria que sirve de basamento a la obra de los grandes creadores, quienes interpretan, recrean y crean al amparo del acervo universal.

Cuantos de nosotros nos hemos preguntado alguna vez ¿qué libros fueron leídos por el padre Várela, o por nuestro José Martí, o por Alejo Carpentier, o por cualquier otra figura de nuestra cultura? Porque indudablemente esas lecturas no solo conformaron el universo de sus conocimientos sino que influyeron en sus interpretaciones de la realidad, así como en la creación de sus obras, obras que desbordaron sus épocas y que constituyen auténticos aportes a la cultura cubana. Del padre Félix Várela conocemos el valioso folleto contentivo del catálogo de los libros pertenecientes a su biblioteca particular, subastados en New York a raíz de su muerte, porque Fermín Peraza lo dio a conocer, en 1944, en la revista Luz y Verdad, órgano de la Orden Caballero de la Luz. Se trata de un listado de interés comercial por medio del cual esta valiosa colección fue sometida a la dispersión: Páginas de inapreciable valor histórico encontradas por monseñor Eduardo Martínez Dalmau en la Biblioteca Pública de New York, y reproducidas posteriormente por Gustavo Amigó Jansen en febrero de 1945, en la revista Lumen, órgano de la Agrupación Universitaria. Este documento que da a conocer las fuentes que leyó y estudió la más robusta mentalidad cubana de la primera mitad del siglo XIX, consta de 507 títulos y resulta una muy valiosa biblioteca teológica que incluye además algunas publicaciones cubanas como la Revista Bimestre Cubana, que publicara José Antonio Saco en el período 1831-1834.

De los libros que leyó nuestro José Martí, la más alta figura del siglo XIX cubano, recordamos apenas una veintena que atesora la Sala Martí de esta Biblioteca Nacional. Estos libros llegaron a nosotros por disposición del doctor Julio Le Riverend, quien en su carácter de director del Instituto de Historia de la Academia de Mantilla al doctor Julio Villoldo en 1920, y durante años fueron celosamente guardados por Emilio Roig de Leuchsenring en la Oficina del Historiador de la Ciudad. Hoy son atesorados por el Centro de Estudios Martianos. Entre ellos recuerdo la Historia de San Martín y de la emancipación sudamericana de Bartolomé Mitre; Leyendas históricas de la independencia, de Ireneo Paz; obras poéticas de José María Heredia y de José Joaquín Palma; el Lalla Rookh, de Tomás Moore; cuentos medievales; y otras patrióticas y poéticas en inglés y en francés.

De don Fernando Ortiz y de José Lezama Lima el Departamento de Selección y Canje de nuestra Biblioteca Nacional, con acierto y visión de futuro, confeccionó preciosos catálogos con los libros que pertenecieron a las bibliotecas de ambos. La colección de don Fernando Ortiz con más de 4000 títulos es una biblioteca de literatura y de historia universales.

En fin, que de estas figuras poseemos listados y catálogos que abren puertas a múltiples investigaciones bibliográficas, filológicas y literarias, repertorios que pueden llevar al estudioso a desentrañar, interpretar y conocer mejor la obra de estos creadores.

En el caso de Alejo Carpentier no heredamos listas ni catálogos de obras que fuesen utilizados para su creación; no obstante nos hemos aproximado a parte de la bibliografía que utilizara a través de la investigación bibliográfica especializada¹



De manera que en el caso de nuestro primer novelista es la investigación bibliográfica especializada la que nos permite acercarnos a sus lecturas como antecedentes de su obra. Por tanto su bibliografía ha sido un instrumento para llegar a los orígenes de su creación teniendo como hilo conductor la bibliografía paralela que usara en su labor periodística o en cada una de sus grandes novelas.

En su labor periodística no solo es posible demostrar la consulta de fuentes bibliográficas paralela a la creación de sus crónicas sino que estas a su vez han sido utilizadas como bibliografía complementaria de su obra novelística.

Del cuerpo central de la Biobibliografía de Alejo Carpentier, que publicara la Editorial Letras Cubanas en 1984, solo voy a referirme a sus primeras colaboraciones en el diario habanero La Discusión y a crónicas escritas cuando apenas tenía 18 años, y a las escritas en el apogeo de su plenitud como periodista.

En el transcurso del año 1922 publica artículos con la firma de su madre Lina Valmont, pero el primero firmado por él es “Pasión y muerte de Miguel Servet, por Pompeyo Gener”, publicado en La Discusión el 23 de noviembre de 1922. En esta ocasión comenta la obra de Pompeyo Gener, escritor español e ilustre polemista, sobre la circulación pulmonar y de la función de la respiración en la transformación de la sangre venosa en arterial, hechos que constituyeron una revolución dentro de la filosofía y que fueron objeto de vivas discusiones en Francia y Alemania. Las acusaciones de Calvino condenaron a Servet a morir en la hoguera, en Ginebra, y con él fueron quemados todos sus libros.

Con esta crónica Carpentier inicia la sección Obras Famosas, en el periódico  La Discusión, en la cual da a conocer más de una  veintena de títulos significativos de la historia y la literatura universal de su época. Desde el principio utiliza fuentes bibliográficas las cuales recrea e interpreta para darlas a conocer, de manera que de esta sección se desprende una bibliografía selectiva de la literatura universal hasta su época, así como punto de partida para un estudio que revelara cómo estas, primeras obras objeto de crítica por parte del joven Carpentier influyeron en su formación y en su obra posterior.

En esta sección manifiesta su interés por el arte negro cuando en una de estas crónicas da a conocer en Cuba la debatida novela Batuala de René Marán. Obra que mereció el Premio Goncourt en 1921, cuando apenas Europa conocía la cultura negra, es un ataque frontal al colonialismo y a los colonizadores que solo ven en los colonizados bestias para ser explotados hasta sus últimas consecuencias. Carpentier denuncia el no entendimiento, definitivo y absoluto, entre el colonizado y el colonizador que impone sus leyes, su religión y sus costumbres con el único propósito de embrutecer, degenerar y violentar principios atávicos en beneficio propio. Veintiocho años después volvería a escribir sobre la obra e René Marán, esta vez atraído por el poder de síntesis, la ironía y la imagen de su Sabiduría africana, pequeño libro de refranes y sentencias de este escritor que permaneció siempre fiel a la temática africana.

La lectura y el estudio de obras como Batuala, unido a su ya asombroso dominio de la música cubana, hicieron posible que el joven Carpentier incursionara en la cultura negra con elementos verdaderamente auténticos. Iniciaría así una etapa precursora dentro de su creación, etapa que se extendería hasta la segunda mitad de la década del 30.

Recordemos que no había cumplido aún 23 años cuando firma el Manifiesto Minorista contra el tirano Machado, y acusado de comunista sufre prisión, a partir del 9 de julio de 1927, en la Cárcel de Prado, en La Habana, donde escribe del 1 al 9 de agosto la primera versión de su novela ¡Ecué Yamba-O!¡Dios loado seas! (frase del dialecto agapa: propio de los ñañigos) título que no publicaría hasta 1933.

Para esta novela Carpentier debe haber utilizado una muy amplia bibliografía así como la obra de don Fernando Ortiz, a quien admiró siempre. Ya en 1929 había dedicado a don Fernando su artículo “Temas de la lira y el bongó” (publicado en Carteles el 28 de abril de este año) y años después, el 3 de octubre de 1951, en la sección Letra y Solfa de El Nacional, de Caracas, considera la obra de don Fernando Ortiz como ejemplo magnífico de conciencia intelectual, y además lo califica como patriarca de las letras cubanas.

En los libros de don Fernando Los negros brujos (1906), Las rebeliones de los afrocubanos (1910), Los negros esclavos (1916), Los cabildos afrocubanos (1921), Un catauro de cubanismos (1923), Glosario de afronegrismos (1924), La fiesta afrocubana del Día de Reyes (1925), De la música afrocubana (1934), Carpentier encontró las incógnitas ya despejadas que pesaban sobre el destino del negro en Cuba explicándose lenguajes populares, sincretismo, ritos religiosos, bailes y la supervivencia de cultos ancestrales.

Pero desde esta, su primera novela, Carpentier no agota posibilidades de información en una amplia bibliografía selectiva sino que busca en la realidad que le circunda experiencias y vivencias que le permiten penetrar sus propias raíces, de ahí su conocimiento de la vida de los negros cubanos, jamaicanos y haitianos que trabajan las plantaciones de azúcar en Santiago de Cuba.

De manera que en ¡Ecué Yamba-O! Carpentier hace gala de su conocimiento del ñañiguismo, suerte de masonería popular dotada de una religión panteísta, y describe la naturaleza del negro arrancado de su continente nativo por la crueldad humana. Con estilo personalísimo da a conocer la tragedia del campesino  cubano negro. Usa frases largas y lentas para describir el otrora tiempo muerto de la zafra azucarera, y frases cortas, que aceleran la trama, para describir el tiempo de molienda; logra la narración de las ceremonias religiosas de los ñáñigos y los bailes afrocubanos con percusión y ritmo de tambor, mediante la prosa moderna. Lo negro y lo blanco cubanos, los misterios y las ceremonias de los ñáñigos, la vida del negro en la manigua y en el ingenio azucarero, y un extenso glosario al final de la obra manifiestan su interés por describir, expresar lo propio y definir nuestro continente; influido por el pensamiento de don Miguel de Unamuno trataba de “hallar lo universal en las entrañas de lo local y en lo circunscrito lo eterno”. Primer empeño de búsqueda que cuajaría años más tarde en su estilo barroco ”creado por la necesidad de nombrar las cosas”.

Dieciséis años después, en 1949, publica El reino de este mundo.

Penetrar la selva bibliográfica consultada por Carpentier antes de escribir El reino... no es tarea fácil, sin embargo es tarea imprescindible para tener una noción cabal de la estructura de la obra así como para conocer el estilo de trabajo del autor. En el propio texto de la novela Carpentier declara las fuentes utilizadas: Moreau de Saint-Méry, el barón Estanislao de Wimpffen, la duquesa de Abrantés, autores contemporáneos de los hechos narrados, y personajes ausentes de la novela. Al martiniqueño Moreau de Saint-Méry debe, entre otros datos que conforman el escenario de su novela, los nombres de las calles de El Cabo, nombres de navíos y costumbres coloniales. Del barón de Wimpffen le sirven los conceptos de los utopistas que se apiadaban en París del destino de los negros esclavos, y de la duquesa de Abrantés toma fragmentos alusivos a la vestimenta de Paulina Bonaparte. Carpentier también menciona autores haitianos como Jean Price-Mars, Jacques Roumain y Louis Maximilien, de ellos utiliza textos precisos que, reelaborados o no, forman parte de El reino... De don Fernando Ortiz utiliza referencias que se amalgaban en el texto, entre otras la referente a la “fiesta de tumbas y catás en el Cabildo de Negros Franceses” a la que acude el personaje Ti Noel; y también utiliza la procedencia de los 100 000 corceles de Ogún que, haciendo resonar los cielos con sus atronadores cascos de bronce, acudirán en auxilio de Haití merced al rito propiciatorio de los toros degollados. El punto de partida de esta referencia es un texto de don  Fernando Ortiz que se refiere a Shangó, y es curioso destacar la fascinación que ejerció sobre Carpentier ya que en ¡Ecué Yamba-O! Se lee: “y sus diez mil caballos con cascos de bronce galopan sobre un rosario de islas desamparadas”. Posteriormente aparece en La consagración de la primavera: “después de prender las fraguas de arriba y de echar a galopar – con herraduras de bronce clavadas por Ogún – los diez mil caballos de Shangó lanzaban un huracán de madre por todo el caribe”.

Otras referencias que se amalgaban en el texto y que admirablemente estudiara y precisara la norteamericana E. S. Speratti Piñero en su libro Pasos hallados en El reino de este mundo, proceden de La isla mágica, de William B. Seabrook; del libro de Leconte sobre Christophe; de la conferencia sobre la evolución del vodú que Lorimer Denis publicara, en 1943, en el Boletín del Buró de Etnología, de Puerto Príncipe; del drama histórico Mackendal, de Isnardin Vieux; y de los ensayos de Louis Marceau titulados Marie-Louise d` Haiti, y de Sans-Souci á la Citadelle. Speratti-Piñero, al concluir sus estudios sobre El reino..., considera que es esta una obra imaginativa y eminentemente libresca, porque en la obra toda del Alejo Carpentier el uso de fuentes bibliográficas, la imaginación, el talento y la sabiduría se entremezclan y amalgaban y, de esta conjunción, brota como manantial la obra literaria.

Unos años después de la publicación de El reino..., en 1951, Carpentier crea la sección Letra y Solfa en El Nacional de Caracas, diario en el que colabora desde 1945. En esta columna diaria que consagra casi en su totalidad a la literatura y a la música, según la intención de su título, y que mantendría durante casi una década, reseñaría, en unas 2000 crónicas, las obras literarias más significativas de la literatura universal, la historiografía de la música y el arte en el siglo XX, inventos de la época, y vida y obra de grandes figuras.

Es posible asegurar que muchos estudiosos descubren, y otros redescubren, al Carpentier periodista cuando conocen esta colección de El Nacional. En este diario Carpentier vuelca su enorme erudición en un sabio estilo periodístico donde se funden lo ameno y el valor utilitario del aprendizaje. Y paralela a esta sección utiliza una muy amplia bibliografía de cientos de obras significativas de la literatura, la historia, el arte y la música, bibliografía en gran medida americana, porque en numerosos artículos está presente su preocupación por interpretar hechos y fenómenos de la cultura desde la perspectiva de nuestro continente. Temas específicamente americanos que denotan el gran propósito de su obra: dar a los valores nuestros su justa dimensión universal.

En las crónicas de Letra y Solfa también observamos el carácter vivencial de las mismas ya que muchas realidades descritas no solo proceden de la bibliografía consultada. Sus artículos sobre las viejas culturas americanas – aztecas, mayas, incas- fueron armados con observaciones directas de los monumentos dejados por esas culturas. 

Pero estas crónicas no solo sirven de hilo conductor para descubrir una espléndida bibliografía americana, sino para encontrar en ellas la simiente de la novela latinoamericana e innumerables elementos definitorios de su obra posterior. Algunas contienen la génesis y la realización de múltiples aspectos de sus grandes novelas, y otras, referencias y observaciones que más o menos textuales llevara a su novelística posterior. Osea, en estas crónicas encontramos la bibliografía complementaria de algunas de sus novelas.

Particular interés tienen los cuatro extensos reportajes que con el título general de “Visión de América” publicara en 1947 sobre la Guayana venezolana; en ellos está la génesis de Los pasos perdidos. Crónicas que prueban la significación que para su obra tuvieron los reveladores viajes a la Gran Sabana y al Alto Orinoco, extraordinaria labor periodística que Carpentier incorpora a esta novela considerada por la crítica la de más rápida resonancia mundial publicada por un escritor latinoamericano. Porque después de su viaje a la Gran Sabana (1947) publica el 19 d octubre de 1947, en El Nacional, de Caracas, la primera parte de “Visión de América”, colección de cinco artículos que a partir del 25 de enero de 1948 aparecerían en la revista Carteles. Ya por esta época Carpentier había escrito un largo ensayo sobre el hombre ante el paisaje americano y el paisaje en la novelística americana. Se trataba del libro de la Gran Sabana el cual no llegó a publicar como tal; de una parte de esta obra titulada “Viaje al riñón de América”, desprendería su colección de “Visión de América”. Los elementos de esta bibliografía activa integrarían años después Los pasos perdidos, novela que tiene como eje la América entera. Otros artículos publicados en El Nacional, de Caracas: “Novelas de América”, “Misterios de la naturaleza venezolana”, “Poesía del Orinoco” y otros, también parte de la bibliografía activa complementaria de esta novela. Bibliografía en muchos casos paralela a la misma y contentiva de elementos descriptivos del paisaje americano, así como de la búsqueda de un nuevo estilo para la novela latinoamericana. Porque Alejo Carpentier, nuevo descubridor de América, describe con precioso estilo sucesos ligados al pasado de nuestra humanidad indígena , y llega al lector a sentir la imagen del escenario americano. Nuestro gran novelista encuentra su estilo en Los pasos perdidos, estilo barroco con el cual expresa lo propio, define su continente para que se le reconozca valor universal. Carpentier encuentra los pasos perdidos de América, y con ello afirma nuestra autoctonía. Sin lugar a dudas, es esta novela la que lanza su nombre a un plano de primerísima importancia mundial, al nivel de los hombres más respetables de la literatura contemporánea, porque Los pasos... por su contenido y por su estilo marcó un hito en la novelística latinoamericana y reveló la extraordinaria personalidad literaria de Carpentier.

Asimismo descubrimos en otras crónicas de El Nacional, la bibliografía complementaria de El siglo de las luces cuando describe la tumba de Fernando Paleólogo, descendiente directo  de los últimos emperadores de Bizancio. Casi con idénticas palabras, el episodio reaparece en El siglo... Para esta novela Carpentier contó con una documentación básica que tiene como antecedente la consulta y el estudio de una muy extensa bibliografía de autores y de asuntos latinoamericanos, que lo llevaron a un profundo conocimiento de América. Estudió los clásicos desde Bernal Díaz del Castillo con su Historia de la conquista de Nueva España y los escritos del Inca Garcilaso, hasta los primeros novelistas del siglo XIX. No faltó en esta bibliografía americana la obra de José Martí en lo que se refiere al hombre latinoamericano y su continente.

En 1955 Carpentier viaja a París procedente de Venezuela, y una escala imprevista en Guadalupe le hace permanecer en esta isla más de una semana. Mientras recorre el territorio traba amistad con Mario Petreluzzi, director del periódico Guadalupe. El nombre de este periodista aparece en una nota escrita sobre el menú de un restaurante en Guadalupe, documento que Carpentier denominara “la semilla de El siglo de las luces”. Petreluzzi le revela la existencia del extraordinario Víctor Hughes quien había llegado a Guadalupe, en 1794, para rescatarla de los ingleses y lograr mantenerla bajo el dominio francés. Víctor traía consigo las leyes de la Convención y de la Constitución de 1793, por tanto el personaje tenía suficiente historicidad.

A su llegada a París Carpentier consulta el fichero del historiador Pierre Vitoux y realiza una incursión bibliográfica por periódicos de la época, testimonios, proclamas, noticias e historiografía de la Revolución Francesa, todo lo cual le lleva a la conclusión de que este personaje era apenas conocido. Con los datos obtenidos y otros enviados por Petreluzzi desde Guadalupe, Carpentier regresa a Venezuela y reconstruye el personaje. Muy serios habían sido ya por esta época sus estudios sobre las costumbres y las corrientes filosóficos del siglo XVIII.

Entre otras obras estudiaría las historias de la Revolución Francesa de Octave Aubry. Louis Blane, Pierre Gaxotte, Albert Mathiez, Jules Michelet, Francois Mignet y Louis Adolphe Thiers.

Otras obras sobre oradores, sociedades, legislación, religión, liberalismo europeo, heterodoxos españoles así como libros de viajes a Guadalupe, Cayena y Surinam integran la bibliografía consultada y estudiada antes de escribir esta prodigiosa novela. Las descripciones bibliográficas de estas obras aparecen en la Bibliografía de El siglo..., publicada en la Revista de la Biblioteca Nacional José Martí en 1982.

Esta compilación que entre otras describe 40 obras utilizadas por Carpentier, prueba también el estudio previo de adecuadas fuentes bibliográficas en la creación novelística carpenteriana.

Mil novecientos setenta y cuatro es el año de Concierto barroco y de El recurso del método. La idea  de Concierto... tiene su origen en una pregunta que le hiciera Francisco Malipiero a Carpentier: ¿sabía usted que Vivaldi escribió una opera sobre la conquista de México? Unos años después Carpentier encuentra la pista de esta ópera titulada Moctezuma o Montezuma, libreto homónimo del poeta Alvise Giusti. Con estos puntos de referencia Carpentier escribe esta novela en torno a la concepción de una primera ópera americana. (La acción empieza el día de su estreno y termina en la época actual. Etapa abarcadora del olvido de Vivaldi.) La contradictoria y desconcertante vida de este prodigioso compositor llamó la atención de Carpentier desde muchos años antes cuando escribiera “El misterioso Vivaldi”, crónica que publicara en El Nacional, de Caracas, el 17 de diciembre de 1957, donde demuestra su interés por esta figura que le obligó a reflexionar sobre posibles omisiones, erratas, y falsas coincidencias en torno a su vida y obra. Carpentier no desdeña el inmenso caudal de conocimientos de ese músico que siempre llevó dentro, no olvidemos los cientos de crónicas que escribiera sobre esta temática para El Nacional, ni  La música en Cuba, investigación y esfuerzo aún no superado en la historia de la bibliografía cubana. De manera que Concierto... descansa sobre una base documental  que puede remontarse a los años 20 cuando ya su autor era un crítico musical de prestigio en nuestro país. De hecho Carpentier consideró su Concierto... como “una especie de Summa Theologica de mi arte por contener todos los mecanismos del barroquismo simultáneamente”. Pero también en esta novela se exaltan los valores americanos, y una vez más Carpentier hace gala del dominio que de América adquirió desde muchos años antes de escribir El siglo... cuando se percata en 1928 que nada podía añadir al surrealismo y confiesa, en una de sus entrevistas:

...de repente, como una obsesión, entró en mí la idea de América (...) Me dediqué durante largos años a leer todo lo que podía sobre América (...) Por espacio de casi 8 años creo no hice otra cosa que leer textos americanos. América se me presentaba como una enorme nebulosa que yo trataba de entender, aunque tenía  la oscura intuición de que mi obra se iba a desarrollar aquí, que iba a ser profundamente americana.

Y Concierto... es también la Summa Theologica de conocimiento aprehendido en una muy extensa bibliografía americana integrada entre otras obras por algunas fuentes históricas sobre las que descansa el relato: el Espejo de paciencia, Las confesiones, de Juan Jacobo Rousseau; Montezuma, drama para música (1733), con libreto de Alvise Giusti para la partitura de Vivaldi; y la Historia de la conquista de México, de A. Solis. Otras fuentes históricas no americanas son preciadas admirablemente por el profesor Klaus Müller Bergh, en su trabajo crítico “Sentido y color en Concierto barroco”, el más alto exponente de la bibliografía pasiva de esta novela.

Y sobre una inmensa bibliografía americana también descansa El recurso del método.

Durante años Carpentier soñó con escribir una novela que se titulara Picaresca, tal como confiesa a Miguel F. Roa en la entrevista publicada en el periódico Granma, el 18 de mayo de 1974, entre otras razones, porque atribuía el origen de la novela moderna a la picaresca española, y así lo expresa en uno de sus ensayos de Tientos y diferencias (1964).

De manera que sus lecturas de obras anteriores al Lazarillo de Tormes tales como El asno de oro, de Apuleyo, Dafnis y Cloe, el Satiricón, y otros textos que pueden considerarse novelas, lo llevan a las novelas de caballería, y por supuesto a esa gigantesca novela que es El Quijote.

Carpentier transita por la picaresca: el Lazarillo de Tormes, el Guzmán de Alfarache, de Mateo Alemán; El Diablo Cojuelo, El Buscón, el Marcos de Obregón, de Vicente Espinel, y por tanto otros títulos que lo llevan a la primera novela de este género escrita en América Latina, el Periquillo Sarmiento, de Lizardi, que “siendo la última novela picaresca, es a la vez la primera gran novela latinoamericana”, como también le declara a Roa en la entrevista ya citada.

O sea, que sus eruditos estudios sobre la picaresca también lo llevan a América, a ese inmenso continente donde el pícaro, según Carpentier, se transforma en el político anunciador del politiquero, después en el presidente de elecciones amañadas, después en el general de cuartelazos, y por último en el dictador. Y ese pícaro con una nueva dimensión es el Primer Magistrado de El recurso..., personaje que Carpentier sitúa en cualquier país de América con las absurdas y escandalosas características de que han hecho gala todos los dictadores, como lo demuestra la trágica y sangrienta historia de nuestra América.

Por supuesto, Carpentier estudia cada una de las dictaduras de América Latina, desde los días de la independencia y por este conocimiento clasifica (en la entrevista citada) a los dictadores en tres  tipos: el general de pistola y fusta como el personaje de Alcides Arguedas en su libro Los caudillos bárbaros, el dictador a secas, como Gerardo Machado, en Cuba (en ambos casos magistrados totalmente incultos), y el tirano ilustrado al estilo de Estrada Cabrera, en Guatemala, y al estilo de Guzmán Blanco, en Venezuela, tipo que también inspirara a Arguedas (recuérdese su obra Los caudillos letrados) protectores de las artes pero también generales de pistola y fusta, y también poseedores de los tantos defectos del dictador a secas. Y así es el personaje central de El recurso..., personaje construido sobre una inmensa bibliografía americana. Por otra parte El Estudiante, el personaje antítesis del dictador, también sale de la historia de América para representar en El recurso... a esa juventud hacedora de nuevas épocas y luchadora heroica contra todas las dictaduras americanas.

Y en cuanto al título es también un título libresco inspirado en el Discurso del método, de Descartes, puesto al revés por considerar Alejo Carpentier que América Latina es el continente menos cartesiano que podamos imaginar. Los 22 capítulos de El recurso... aparecen enlazados entre sí por las reflexiones de Descartes tomadas del discurso, las meditaciones filosóficas y del Tratado de las pasiones de este filósofo. O sea entrelazados por ideas contrarias al pensamiento y acción del continente americano.

En 1978 cuando Carpentier recibe el Premio Miguel de Cervantes, anunciaría su próxima novela La consagración de la primavera, título coincidente con una de las más renombradas obras de Igor Stravinsky, compuesta entre los años 1911 y 1913.

Desde 1964 Carpentier se había propuesto una trilogía novelística consagrada al vasto ámbito histórico y humano de la Revolución Cubana, tal como expresara cuando actualizó el prólogo de El reino de este mundo. Por esta época declararía a la prensa que estaba escribiendo una novela titulada El año 59, que era parte de dicha trilogía. De esta obra solo conocemos un capítulo que publicara en la revista Casa de las Américas de octubre-noviembre de 1964. Por otra parte el profesor y crítico venezolano Alexis Márquez Rodríguez, en su libro La obra narrativa de Alejo Carpentier, asevera que Carpentier escribía ya desde 1968 las novelas El año 59 y Los convidados de plata sobre la nueva situación que vivía Cuba. De esta última la editorial Sandino de Montevideo publicó tres capítulos en un libro de 62 páginas, como si fuera la primera parte de una trilogía inspirada en la Revolución Cubana. En la obra de Ramón Chao Palabras en el tiempo de Alejo Carpentier; nuestro primer narrador confiesa:

Pretendí realizar una novela épica que (...) comienza exactamente en el año 1937 con el batallón Abraham Lincoln de las Brigadas Internacionales en España (...) Esta novela empieza, pues, en medio de estos combatientes; sigue la acción, entre distintas vicisitudes, hasta el triunfo de la Revolución Cubana y termina con la batalla de Playa Girón, porque me parece que este hecho marca un hito capital en la historia contemporánea de América, puesto que es la primera victoria de un país latinoamericano contra el imperialismo del Norte (...) Es una novela eminentemente política (...) Creo que va a ser (...) mi gran novela política.

A esta novela no solo le precede la utilización de numerosas fuentes y documentos en torno a Igor Stravinsky y su obra, la Guerra Civil Española y los grandes acontecimientos que marcan los antecedentes, el triunfo y los primeros años de la Revolución Cubana, sino que también le precede su propia obra. Carpentier es fuente se sí mismo al utilizar ideas, elementos, referencias y citas textuales de El año 59 y Los convidados de plata, válidos antecedentes de La consagración de la primavera.

En la sección Letra y Solfa de El Nacional, de Caracas, encontramos otros elementos y referencias que no pueden ser ignorados al tratar de reconstruir la bibliografía complementaria de esta su última novela publicada.

En más de 20 crónicas Carpentier interpreta la obra de Igor Stravinsky: Agón, Las bodas, Cántico sacro en honor de San Marcos, La consagración de la primavera, Ebony concerto, La historia del soldado, El libertino, Memorias, Edipo rey, Pulcinella y El zorro, entre otras. Muchos años antes, en 1923, había escrito para la revista Chic ”La música rusa en París”, su primer artículo sobre este genio de la música rusa y universal. Carpentier no desdeña estas experiencias ni estos elementos que demuestran su conocimiento y dominio de la obra de Stravinsky.

De la Guerra Civil Española se nutre en el propio escenario de los hechos porque conoce el Madrid de los años 1932-1935, y el Madrid de 1937 cuando representa a Cuba en el Congreso de Escritores Antifascistas, y conoce además el Madrid de la República donde se relaciona con toda una generación de talentos que encontraría el exilio en América después de la guerra.

Entre los documentos de su inmensa papelería encontramos folletos e impresos sueltos publicados clandestinamente durante esta guerra contra el fascismo, entre ellos, El nuevo ejército del pueblo, de Antonio Mije; Camarada soldado, explicación del porqué de la lucha a cargo del Comisariado General de Guerra; Religión y fascismo, publicación dedicada a los cristianos por el Socorro Rojo, de España; y Campesino, firmado también por el Comisariado General de Guerra atendiendo al llamamiento del Gobierno del Frente Popular.

Fuentes documentales que Carpentier guardó celosamente y que posiblemente le sirvieron para revivir los días pasados en el Madrid de 1937.

Una colección de recortes de prensa venezolana sobre el batistato en Cuba y sobre el movimiento de liberación lidereado por Fidel Castro, que también forma parte de su papelería, da fe de su interés por los hechos que ocurrían en nuestro país durante los últimos años de su estancia en Venezuela. Carpentier se informaba desde años antes del triunfo revolucionario y seguía el paso a la guerra en la Sierra y en el llano para años después reelaborar esta información que haría imperecedera en las páginas de La consagración de la primavera.

La prensa de la época fue sin lugar a dudas fuente constante de información para los sucesos que tendría lugar en Cuba a partir del 10 de marzo de 1952. Específicamente Carpentier necesitó bibliografías o más bien listado bibliográficos de los titulares de los periódicos cubanos publicados durante los días del 10 de marzo de 1952 (golpe de estado de Batista), del 26 de julio de 1953 (asalto al cuartel Moncada), del 2 de diciembre de 1956 (desembarco del Granma), del 15 de enero de 1957 (censura y suspensión de garantías constitucionales), del 13 de marzo de 1957 (asalto al Palacio Presidencial y asesinato de José Antonio Echevarría), del 20 de abril de 1957 (sucesos de Humboldt 7) y del 1 de Enero de 1959 (triunfo de la Revolución Cubana). Muchos de estos titulares fueron interpolados sabiamente en la novela donde se amalgaman y entremezclan en las páginas referentes al asalto al Moncada (véase p. 269-270 de la edición cubana de La consagración...), al desembarco del Granma (véase p. 315-317 de la edición citada), al asalto a Palacio (véase p. 328-329 de la misma edición) etcétera. Otros titulares surgidos de la prensa de cada uno de estos días, que hicieron historia, favorecen y dan validez a la narración de los hechos en esta novela eminentemente histórica.

Porque Carpentier utiliza una inmensa bibliografía, asimila materiales ajenos y acude a distintos procedimientos de adaptación, reducción, ampliación, desmembramiento, redistribución, combinación, contradicción, cambio de intención y de tono, procedimientos que podrían reducirse a uno fundamental, tal como expresa Speratti-Piñero en su obra ya citada, “alteración constante y libérrima, aunque nunca gratuita e injustificada”. Pero Carpentier también trasiega referencias , intereses y preocupaciones de un libro a otro hasta convertirse en fuente de sí mismo, hecho que resulta probado si se compara La música en Cuba con El reino de este mundo y El reino de este mundo con El siglo de las luces.

Y recuerdo en este caso la nota que el propio Carpentier redactara cuando entregó a la Revista de la Biblioteca Nacional José Martí, para su publicación, un capítulo de su novela inédita El clan disperso, titulado “La conjura de Parsifal”. En ella confiesa que algunos elementos de ese capítulo pasaron casi textualmente a distintos pasajes de El siglo... y, años después, a El recurso del método.

Por último es posible señalar determinadas constantes en el contexto histórico-literario de El arpa y la sombra. En esta novela, la última que publicara Alejo Carpentier, afloran la concepción de lo maravilloso- recuérdese el prólogo a el reino de este mundo/, la fe y la apostasía del surrealismo, los lienzos de Dalí y la obra de Paul Claudel. Y así lo demuestra el investigador norteamericano Klaus Müller-Bergh quien en la obra de Alejo Carpentier, celebrado en La Habana, en 1984, define la relación precisa de esta novela con El libro de Cristóbal Colón, de Paul Claudel, y cómo esta obra es un posible antecedente estético de “La mano”, segunda parte de El arpa... Klaus Müller-Bergh demuestra, además cómo el drama lírico de Claudel anticipa la intertextualidad de la novela, y cómo el novelista cubano recupera e incorpora a las letras americanas del siglo XX un texto olvidado como el Diario del descubrimiento de Colón, texto que traspone con otros las Décadas de Pedro Mártir de Anglería o la Colección de los viajes y descubrimientos de Colón, de don Martín Fernández Navarrete. De manera que Carpentier logra una visión original del descubridor de América y narra los hechos no “como sucedieron sino como debieron o pudieron haber sucedido”.

El arpa... fue uno de los primeros proyectos de Alejo Carpentier porque su preocupación por América y su descubrimiento se remonta a los años 30, y esa preocupación se hace patente cuando en 1939 estrena en Radio Luxemburgo un “fresco radiofónico” elaborado sobre El libro de Cristóbal Colón, de Claudel. Y el propio Carpentier nos asegura, en la contracubierta a la edición de El arpa...

En 1937, al realizar una adaptación radiofónica de El libro de Cristóbal Colón de Claudel para la emisora Radio Luxemburgo me sentí irritado por el empeño hageográfico de un texto que atribuía sobrehumanas virtudes al descubridor de América. Más tarde me topé con un increíble libro de León Bloy, donde el gran católico solicitaba nada menos que la canonización de quien comparaba, llanamente, con Moisés y San Pedro. Lo cierto es que dos pontífices del siglo pasado, Pío Nono y León XIII respaldados por 850 obispos, propusieron por tres veces la beatificación de Cristóbal Colón a la Sacra Congregación de Ritos; pero esta, después de un detenido examen del caso, rechazó rotundamente la postulación.

Este pequeño libro solo debe verse como una variación en el sentido musical del término sobre un gran tema que sigue siendo, por lo demás, misteriosísimo tema... Y diga el autor, escudándose con Aristóteles, que no es oficio del poeta (o digamos del novelista) “el contar las cosas como sucedieron, sino como debieron o pudieron haber sucedido”.

Realmente con la utilización y recreación de fuentes bibliográficas Carpentier demostró y usó, en este caso, un texto de Nöél Salomón:²

... el valor instrumental del clásico pero todavía joven proceder de los que , a pesar de ciertos anatemas, no tienen miedo a bibliotecas y archivos, y sin ser limitativos “fuentistas” al estilo del positivismo del siglo XIX saben que la investigación de “fuentes” resulta fecunda cuando no se olvida el investigador que más importante que la “fuente” es el significado de su elección y más todavía su elaboración (...) Por eso (...) una de las muchas condiciones para que la sutil esencia de la consabida “literaridad” (o “literaturidad”) del texto se convierta en objeto observable y palpable es el previo deslinde, estricto y riguroso de lo “extra”, “infra” y “preliterario” de donde brotó lo “literario”.

Con estos tanteos me he propuesto abrir puertas a los estudios de intertextualidad que merece la obra de ese gigante de las letras que fue y es Alejo Carpentier. Y sirvan también estos apuntes de punto de partida para promover la indagación bibliográfica que merecen otros grandes de nuestra cultura y de la cultura universal.

* Trabajo presentado en el I Simposio de Bibliografía, celebrado en la Biblioteca Nacional José Martí los días 5, 6 y 7 de junio de 1991.

¹ Es preciso aclarar que posteriormente a esta investigación bibliográfica y con 

motivo de la muerte de Alejo Carpentier, su viuda donó algunos fondos que pertenecieron a nuestro primer novelista, y con ellos el Departamento de Selección y Canje también confeccionó un pequeño catálogo, pero este no posee los cientos y hasta miles de obras que leyera Carpentier. Sin embargo, la Biblioteca Nacional José Martí sí posee la Colección Alejo Carpentier, un inmenso y valioso donativo de documentos activos y pasivos que hiciera en vida Carpentier y que su vida Lilia Esteban ha continuado y continúa enriqueciendo.

² Salomón, Nöel. Sobre dos fuentes antillanas y su elaboración en El siglo de las luces de Alejo Carpentier. Burdeos: s.n., 1972. 20p. 



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