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Correo desde la Isla de la Dignidad. La Cultura de Emancipación Cubana y la pertinaz e invariable pasión latinoamericana de Armando Hart (en 4 partes)

8/1/2021
Por: Eloisa M. Carreras Varona y Armando Hart Dávalos, Biblioteca Nacional José Martí

A lo largo de la vida, en cada una de las circunstancias que le tocó vivir, en los más diversos y múltiples escenarios; el pensamiento y la ejecutoria de Armando se imbricaron y entrelazaron de forma natural con los destinos de América Latina y el Caribe. Y claro que, esa urdimbre —atenido a cada época y contexto— también ha estado desde siempre, en la causa cubana toda. No olvidemos que ese vínculo nutricio se ha gestionado no solo por la eficacia y el valor de sus mensajes, sino también por su permanente hacer, robusteciendo con pulcritud y pureza su misma esencia. Por eso se puede afirmar que el ángulo más singular de su gestión política y cultural, tiene que ver —precisamente— con su pasión por Nuestra América y, es por eso, que esa decisiva pasión por Cuba de Hart se complementa con su insistente e invariable pasión por Nuestra América. En ese sentido repasemos estos textos del Dr. Hart, que demuestran su pertinaz e invariable pasión por Nuestra América:

“Yo me siento latinoamericano casi desde que tengo uso de razón política. Lo digo solo como ejemplo, como un ejemplo entre muchos, ya que seguramente les ha pasado a ustedes igual”.

“Desde que tengo uso de razón, y desde que aprendí las primeras letras, conozco los sentimientos y las ideas de Martí. Él nos hizo hijos de Nuestra América. Nacimos cubanos, pero siempre nos hemos sentido, como Martí, hijos de América. Quizás en otras tierras no se entienda bien esta voluntad de unión, este amor entrañable que sentimos por lo genuinamente americano. Martí, hombre de letras y poesía, hombre de ideas y sentimientos, fue capaz de organizar la última guerra contra el colonialismo español en este continente; fue capaz de transformar sus ideas y sentimientos en hecho y voluntad de todos; fue capaz de unir a los cubanos sobre el fundamento de una moral en defensa de los explotados y los pobres. En este sentido, el programa y las ideas de Martí expresan un ideario cultural para América”.

“Quiero precisar que incluso antes de la Revolución, desde que tengo uso de razón y desde que comencé a pensar en los problemas políticos y sociales, pudiéramos decir desde los años en que yo estudiaba en la Universidad de La Habana y aún antes, yo me he sentido latinoamericano y me he sentido parte de una gran patria común. No sé si esto les pasa así a todos los latinoamericanos, pero yo no necesité de ninguna ideología política en especial, de ninguna doctrina filosófica en especial, para sentirme latinoamericano. Solo que como hijo de Cuba seguí los procesos culturales, políticos y sociales de América Latina como parte de una patria común; así me sentí siempre, por lo que ahora vengo aquí como una persona más de esa gran patria nuestra que se extiende del Río Bravo hasta la Patagonia”.

“Han ocurrido cambios en esta década del 80, quién duda que han ocurrido grandes cambios. Pero yo debo subrayar aquí que me siento latinoamericano, desde que tengo uso de razón política, y antes de tener cualquier pensamiento marxista, me sentido siempre latinoamericano. Yo no sé si los europeos se sienten siempre europeos, así como nosotros nos sentimos latinoamericanos desde que tenemos uso de razón política; no sé si los asiáticos se sienten asiáticos desde que tienen uso de razón política, desde que se está en la enseñanza secundaria y universitaria, yo no sé, pero yo me he sentido desde joven y adolescente, latinoamericano, quizás por una influencia de Martí, por una influencia de muchos factores de tipo educacional, y por la interrelación que ha habido entre nuestros pueblos, y siempre me sentido latinoamericano”.

“Todo el interés de los programas más conservadores de los Estados Unidos están dirigidos contra la identidad y la identificación cultural de nuestros países. Incluso, están dirigidos a un concepto hegemónico para todo el hemisferio. Y todo nuestro interés y objetivo está dirigido a ver cómo podemos procurar los lazos, los nexos con América Latina y el Caribe. Nosotros nos sentimos latinoamericanos desde antes de sentirnos marxistas, comunistas; desde mucho antes, desde que tengo uso de razón me siento latinoamericano. Creo que el desarrollo de un vínculo por la vía de la cultura no puede resolver los problemas, pero puede ayudar a iluminar soluciones y, sobre todo, a fortalecer las fibras morales de nuestra unión continental. Ese es el centro, o uno de los centros, de la política cultural cubana”. 

Estos escritos pertenecen, volumen 1 del tomo 5 de la Colección “Cuba, una Cultura de liberación. Selección de escritos del Dr. Hart 1952-2016”, titulado: Revolución y Cultura. Hart, pasión por nuestra América. Desde luego, que en este texto aparecen las ideas, que con relación a América y el Caribe, fueron expuestas por él, en el período en el que inspirado en la Política Cultural Cubana de la Revolución trazada por Fidel; creó, puso en práctica y desarrolló el Ministerio de Cultura entre 1976 y 1996.  

En la generalidad de estos planteamientos e ideas —expuestos por él, con lucidez, verticalidad y firmeza en sus incontables páginas, textos y en las propias acciones— se puede advertir que quienes aspiren al oficio de influir en la conducción y futuridad de los Estados latinoamericanos y caribeños deberán aprender la lección de que, sin fundamentos culturales, sin estrechos vínculos con la intelectualidad, no es posible enfrentar, eficazmente, el desafío que suponen nuestras contradicciones con el norte revuelto y brutal que nos desprecia; por ello afirmó: “Con posiciones supuestamente radicales, sin matices, no se llega a tener éxito; a su vez, tener en cuenta exclusivamente los matices sin considerar las aspiraciones radicales de independencia, soberanía y transformaciones sociales tampoco lleva al éxito” y eso es decisivo para el triunfo de la unidad latinoamericana y caribeña.  

Asimismo, nos dice que solo con una política virtuosa que tenga como basamento esencial la educación y la cultura, se podrán enfrentar los enormes desafíos que tenemos hacia el futuro para alcanzar y consolidar la unidad de Latinoamérica y, también nos afirma que, todo el que asuma desde la política la defensa de la soberanía y las transformaciones sociales en nuestros pueblos y países a favor de la justicia para todos, tiene que ser un fiel defensor de los propósitos culturales a más largo alcance. 

Por eso, cuando repasamos su pensamiento y su obra; no se puede olvidar que el objetivo político esencial que se propuso la Dirección de la Revolución en la defensa de nuestra identidad nacional, implicó directamente la defensa de la educación, el arte y la cultura, porque la identidad nacional se revela en la educación, en el arte, se revela en la cultura y, por eso, todas las batallas por la defensa de la soberanía cubana han pasado, necesariamente, por la defensa de la genuina educación, del arte y la cultura nacional.

I El electivismo filosófico cubano en la fuente de sus ideas

Pero para comprender el contenido y alcance de la obra de la Revolución Cubana, es imprescindible ir a los orígenes del pensamiento filosófico, político y pedagógico de más de dos siglos de historia que, desde José Agustín Caballero, Félix Varela, José de la Luz y Caballero y José Martí, han conducido a las ideas que hicieron síntesis en el carácter singular del proceso revolucionario cubano. A mediados del siglo XX, la Generación del Centenario del natalicio del Apóstol cubano, esa  invicta Generación, bajo el liderazgo indiscutible de Fidel, se convirtió en heredera y continuadora de esas ideas y proyectos, lo que para ellos significó defender la cubanía y la tradición patriótica nacional cubana y latinoamericana en primerísimo lugar. El pensar y el hacer de esa Generación —surgido de la práctica política— está inspirado en el Método electivo del conocimiento, de la corriente del electivismo filosófico cubano. 

De igual modo, se puede afirmar que ese pensamiento se fundamentó, en el cuerpo de las ideas y pensamientos de los principales representantes de la tradición electiva cubana, de su contenido profundamente antidogmático y científico, ético-patriótico-nacionalista, independentista-liberador-democrático-popular, autóctono-creativo, de inspiración martiana; en el que se hace explicito su ideal de Patria ─tal como la soñó Martí─, en el que impera la Justicia y la igualdad de oportunidades para todos los ciudadanos sin excepción, en beneficio de la elevación del nivel educativo y cultural del pueblo cubano, para garantizar su dignidad plena.

El Dr. Hart también afirma que dentro de la tradición cultural cubana, el propósito de elegir va orientado a hacer prevalecer la integralidad de la cultura para orientar el camino hacia la práctica de la justicia; por eso continua subrayando que los padres fundadores de nuestra gran Patria latinoamericana, supieron nutrirse de lo mejor del pensamiento universal, y elegir lo mejor de todos los Sistemas, para conformar un pensamiento propio, diferente y creativo, que diera respuesta a nuestras necesidades y urgencias como naciones y países. Si el método electivo en la búsqueda del conocimiento y los caminos de la acción los relacionamos con el principio lucista “la justicia es el sol del mundo moral” y con el propósito del Apóstol de echar su suerte con los pobres de la tierra y sus ideas en relación con el “equilibrio del mundo”, tendremos un núcleo central del pensar filosófico cubano de incalculable valor para fundamentar el quehacer pedagógico y la política culta en defensa de nuestros pueblos. Por eso dijo: “Caballero nos enseñó a pensar, Varela nos enseñó el camino; Luz nos enseñó a estudiar y conocer, y Martí, con su inmensa sabiduría, descubrió los secretos del hacer y, por tanto, –para decirlo con una expresión de Lezama Lima- Martí nos enseñó a actuar”. 

II José Martí y el pensamiento radical latinoamericano en el centro de su paradigma

Es obvio que la Historia de Cuba cuenta con uno de los más grandes paradigmas americanos: José Martí; la figura en quien se sintetiza de modo ejemplar la larga legión de héroes, próceres y pensadores cubanos y latinoamericanos y que está lo situado en nuestra patria, como el continuador de la histórica epopeya independentista de nuestra América, a finales del siglo XIX. 

  Martí pertenece a la línea de pensamiento de honda raíz popular, que en nuestra América, le da una importancia singular a la Educación y a la Cultura en la transformación revolucionaria y moral de la sociedad; recordemos en ese sentido sus planteamientos acerca de que: “Ser bueno es el único modo de ser dichoso. Ser culto es el único modo de ser libre, y, “pensemos que no hay mejor Sistema de Educación que aquel que prepara al niño a aprender por sí”. Estos no son ideas aisladas, porque se hallan en el centro del ideario martiano y forman parte de la esencia del pensar latinoamericano.

Esa línea de pensamiento independentista, anticolonialista y soberano, que nace de las entrañas más profundas de nuestra América, de los grandes próceres y pensadores cubanos y latinoamericanos; entre los que podemos citar a: Simón Rodríguez, Simón Bolívar, San Martín, Andrés Bello, Benito Juárez, Emiliano Zapata, José Vasconcelos, Francisco Madero, Miguel Hidalgo, Eloy Alfaro, Francisco de Miranda, Eugenio María de Hostos, Ramón Emeterio Betances, Pedro Albizu Campos, Lola Rodríguez de Tió y José Joaquín Palma, llega hasta Martí. Precisamente, esa línea es el antecedente inmediato de la tradición del pensamiento radical latinoamericano, que el filósofo argentino Néstor Kohán ha llamado “la hermandad de Ariel, o la familia martiana o la tradición bolivariana”. De la cual la Generación del Centenario es también heredera, discípula y continuadora, porque esa Generación hunde sus raíces en esa fecunda tradición.

 Esa corriente tiene entre sus principales planteamientos, su acendrado espíritu antiimperialista, su denuncia y enfrentamiento al capitalismo y al imperialismo en el terreno económico y cultural; la defensa de la soberanía, la independencia nacional y la identidad cultural de nuestros pueblos, así como la unidad latinoamericana. Para Hart, precisamente, esa tradición del pensamiento radical latinoamericano, responde a lo que él ha denominado: una Cultura de Liberación. 

 III Cultura de Liberación, Cultura de Hacer política, Cultura de Baraguá o Cultura Política de Liberación Nacional, Social y de Resistencia

El concepto o noción de la Cultura de Liberación, es empleado por él, para definir la tesis de lo que también ha llamado: Cultura de Hacer política, Cultura de Baraguá o Cultura Política de Liberación Nacional, Social y de Resistencia. Se trata de la cultura patriótica, que viene de la tradición que se gestó en el proceso de independencia nacional, latinoamericanista y antiimperialista, de vocación universal que tuvo lugar en nuestra Patria desde el siglo XIX, en cuyas raíces está la tradición del pensamiento radical latinoamericano, al que he hecho referencia a lo largo del presente texto, y la cual fue forjada en el combate por la transformación del mundo en favor de la justicia y ha estado volcada hacia la acción. De igual modo, la Cultura de Liberación ha sido potenciada por la Revolución cubana, en una Cultura de vanguardia. En ella se articulan los conceptos ética, política y cultura, y las aspiraciones humanistas a favor de los pobres y de los explotados del mundo. En la Cultura de Liberación, se colocó como lo primero y esencial, la decisión de luchar por conquistar a cualquier precio la liberación humana, el amor a la libertad y la independencia nacional. Asimismo, forman parte de esa noción de la Cultura de Liberación, la idea de la rebeldía, la disciplina, el sentimiento de eticidad que constituye un elemento que define la cubanía consecuente, como expresión de la acción política. Se trata en fin, de una Cultura que tiene entre sus atributos fundamentales, la opción ética que está en la “médula y el corazón de la Cultura Cubana y Latinoamericana”.

Estas ideas vienen a tener en José Martí a su guía y máximo inspirador y de él parte toda una línea de pensamiento que llega al siglo XX en nuestra América, la cual está integrada por una numerosa nómina de hombres enteros, herederos directos del paradigma del Apóstol José Martí, que podemos simbolizar en los inolvidables Comandantes de nuestra América Hugo Chávez y Fidel Castro.  

La Cultura de Emancipación Liberadora en nuestros pueblos y países, es la forma de encontrar la vía de un pensamiento revolucionario y de acción política que en la actualidad nos puede asegurar la posibilidad de enfrentar la encrucijada colosal en la que nos encontramos, tal y como muestran estos combativos textos del Dr. Hart; no olvidemos que para él, los sueños de principios del siglo XIX, de Varela, de Martí, de todo nuestro pueblo, bajo la guía insuperable de Fidel —el principal heredero, discípulo y continuador del Apóstol cubano— se harán realidad y seguirán adelante si trabajamos profundamente inspirados en estas ideas. 

IV El papel de la Ética en el centro de nuestra espiritualidad y fundamento de nuestras luchas

Asimismo, Hart ha destacado el papel fundamental que la Ética ha desempeñado en la Historia de la Revolución cubana, sus peculiaridades y aportaciones, así como el valor del ejemplo de las personalidades que representan paradigmas morales, por sus virtudes y valores humanos. Se puede señalar como una de sus contribuciones esenciales, el haber promovido la introducción y generalización del estudio e implementación de la Ética y el ideario martiano, lo cual ha cobrado forma en diferentes acciones, vías y espacios, dentro de la actividad educacional y cultural del país. Por eso su obra ha sido importante en la formación de los profesionales cubanos que han seguido sus ideas en el campo del pensamiento. La moral, como parte de la vida espiritual de la sociedad y del mundo interno de los individuos, adquiere connotación como fundamento de una Ideología y de una Cultura, que en lo Político encuentra el arte de hacer realidad los ideales sociales de justicia social y emancipación del hombre. Porque tenemos que encontrar los caminos adecuados para responder a las exigencias de contribuir a crear una sociedad cada vez más justa y equitativa, donde lo racional acompañado de lo ético, la moral y los valores, colmen la espiritualidad, la creación y las realizaciones humanas en la construcción revolucionaria de una vida, con la dignidad que soñaba el Apóstol José Martí. 

Bien conocemos que la humanidad atraviesa la crisis más aguda por la que ha pasado en toda su historia. Ello se revela en la quiebra de la ética, de los principios políticos y jurídicos y de las ideas filosóficas que tras larga evolución llegaron hasta el siglo XX y principios del XXI y que sirvieron de fundamento al sistema capitalista. Por lo cual, se deberá tener en cuenta que la ética y la moral son hoy más necesarias que nunca antes y son la bandera esencial en la salvaguarda de nuestros pueblos. Desde la superpotencia imperial se lleva a cabo una política guerrerista e intervencionista que pone en peligro la existencia no solo de la especie humana sobre el planeta sino de todas las especies. Por lo que, desde luego, tenemos que seguir dando las batallas que sean necesarias a favor de la vida y de la paz. Estando conscientes de que esta pelea solo se ganará, con las ideas y la cultura que, nuestra región latinoamericana y caribeña con su tradición intelectual puede y debe hacer, como una contribución esencial a este loable propósito de salvar a la humanidad, porque es la región del orbe que posee los elementos de cultura necesarios para ello. 

Del mismo modo, debo afirmar que el Dr. Hart vivió convencido de que gracias a los valores contenidos en la cultura cubana y latinoamericana, nuestros pueblos sabrán vencer cualquier dificultad que se presente por gigantesca que esta sea, tal y como supieron hacer los hombres de Baraguá ante las dificultades que tuvieron entonces, porque, nuestra Cultura de Emancipación latinoamericana, es nuestra Cultura de Liberación, nuestra Cultura de Baraguá; la que sirve de sostén a nuestro pensamiento radical transformador americano hijo de la hermandad de Ariel, ideas todas que muestran la pasión de Hart por Cuba y Nuestra  América.

Sirvan pues, estas apasionadas palabras, como un homenaje a la memoria de los próceres y pensadores de nuestras tierras; los que han pensado, vivido y luchado por nuestra unidad, independencia y soberanía, inspirados en el ejemplo de las inmortales figuras de Bolívar, Martí, el Che, Chávez y Fidel. 



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