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Foto de Homenaje a Zoila Lapique en el 90 Aniversario de su natalicio

Homenaje a Zoila Lapique en el 90 Aniversario de su natalicio

27/6/2020
Por: Dra. Araceli García Carranza, Biblioteca Nacional José Martí

La Dra. Zoila Lapique tuvo el inmenso privilegio de trabajar en la BNCJM durante más de 40 años, a partir del 14 de octubre de 1959. Llegó a nuestra institución de la mano de una de sus profesoras de la Universidad de La Habana, la Dra. María Teresa Freyre de Andrade, y de Maruja Iglesias, subdirectora y amiga,  a quien había conocido durante la lucha clandestina contra el tirano Batista. Sin embargo, con su fecunda entrega a la BNCJM y con su obra científica, forjada durante varias décadas, en beneficio de un mejor conocimiento y desarrollo de la cultura cubana, Zoila ha devuelto con creces ese honor, para permanecer por siempre, por su esfuerzo propio, en la historia de la primera institución bibliotecaria del país.

Lapique Becali se gradúa en 1955 en la Escuela de Bibliotecarios de la Sociedad Económica de Amigos del País, adscripta a la Biblioteca del Congreso de Washington, y en 1967, en la Escuela de Bibliotecarios y Documentalistas de la Universidad de la Habana. En esta casa de altos estudios obtiene también, en 1964, la licenciatura en Historia.

En 1959, labora como subdirectora del Departamento de Música, dirigido unos meses después por el prestigioso maestro Argeliers León, quien había ganado entonces esta plaza por examen de oposición. El crecimiento de los fondos de este Dpto. promovido por la nueva estructuración de la BNCJM que trajo consigo el triunfo de la Revolución, requirió de un procesamiento técnico adecuado. Y Zoila se dio a esta tarea de manera tan intensa que en 1963, con la experiencia lograda, publica su primera obra, Catalogación y Clasificación de la Música Cubana.

Desde antes de la Revolución visitaba el Archivo Nacional junto a su hermana Rosa y desde entonces se interesó por las etiquetas de los habanos y por la prensa musical,  en especial buscó afanosamente El Filarmónico Mensual, hasta que Natalio Galán lo puso en sus manos porque lo había comprado en París por unos francos y lo donó a la BNCJM. Zoila publicó poco después un texto sobre este periódico en la antológica Revista de Música que publicaba por aquellos días el Dpto. de Música de la BNCJM bajo la dirección de Argeliers León.

Después de estos años iniciales trabajó en el Dpto. Colección Cubana hasta su jubilación. Allí se desempeña como referencista y como investigadora. Como referencista, no solo satisface la demanda de estudiantes, historiadores, especialistas y profesores de Colección Cubana sino que extiende esta difícil y compleja tarea a los departamentos de Arte y de Música. En Colección Cubana y para perfeccionar cada vez más su desempeño consulta, estudia y escudriña las publicaciones periódicas cubanas de los siglos XVIII y XIX, así como los libros, folletos, y prensa valiosa extranjera, entre otros documentos. Por medio de estos estudios acumula, descubre y redescubre datos históricos, imágenes y partituras musicales, sedimenta y consolida una erudición admirable y siempre compartida generosamente con sus compañeros y usuarios. En las publicaciones periódicas no solo encontraría la primera habanera, “El amor en el baile”, publicada en 1842 en la revista capitalina La Prensa, sino que también localiza etiquetas de habanos y cigarrillos para una obra aún no publicada; los grabados para su historia de la litografía en Cuba; y las caricaturas del siglo XIX pletóricas de humor y de sátira política, las cuales utilizará en otra obra tampoco publicada.

Todo esto sin hablar de la voluminosa información sobre la producción azucarera cubana que consiguió dominar, en cuyo caso la referencista fue más allá de la demanda cuando ofrece un inmenso caudal de información al historiador Manuel Moreno Fraginals, quien siempre la consideró coautora de su obra El Ingenio. Su sensibilidad y su talento le permitieron prever y asimilar que a través del conocimiento de datos históricos, de la plástica y la música se llega a la verdadera historia de la cultura cubana de los siglos XVIII y XIX, lo cual muestra y demuestra en sus monumentales obras sobre la historia de la litografía en Cuba (Memorias en las  piedras) y sobre la música (Cuba; música, músicos e intérpretes). No podemos olvidar que a Zoila  le debemos, entre otros hallazgos,  la determinación de las dos etapas de la historia de la contradanza

Pero como referencista del Dpto. Colección Cubana, Zoila Lapique no se limitó solamente a la búsqueda del dato o el documento preciso sino que cultivó las referencias epocales o ambientales, de construcción de épocas o ambientes, la constante demanda de la radio, la televisión y el cine; enseñó a sus posibles relevos, porque fue maestra de referencistas, entre sus alumnos se contaba con orgullo mi hermana Josefina García Carranza; y nos enseñó a todos los que de una manera u otra atendíamos a lectores, especialistas o profesores a descubrir talentos en aquellos aspirantes a investigadores o estudiosos que por sus intereses y empeños sobresalían sobre otros lectores, a esos a quienes dedicó especial atención nos inculcó el servicio más esmerado; es preciso recordar en este caso a la generación de historiadores descubiertos y formados por Zoila en Colección Cubana en las  décadas de los 60, 70 y parte de los 80, entre ellos el ya fallecido Panchito Pérez Guzmán, quien llegó a Colección Cubana con apenas un sexto grado.

Y con estas experiencias pedagógicas tan propias de la profesión, Zoila ha ejercido la docencia formal principalmente como profesora invitada por la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana, en la asignatura Pintura y grabados cubanos en el período colonial.

Paralelamente a esta ingente tarea formadora, Zoila continuó y acumuló sus propias investigaciones hasta obtener el grado de Investigador Titular en ese crisol  de cultura que fue el Dpto. Colección Cubana, donde trabajamos junto a grandes de la cultura cubana como es el caso de Cintio Vitier, Fina García Marruz,  Juan Pérez de la Riva, René Méndez Capote, Octavio Smith y Roberto Friol, entre otros. Tampoco podemos olvidar su tarea como promotora en aquellos inolvidables ciclos de ópera que Zoila organizó con Elena Giraldez y Marta Haya, nada menos que presentados por el maestro Ángel Vazquéz Millares. En toda la historia de la BNCJM nunca se abarrotó su teatro como en esos años, incluso con las óperas de Wagner. Y fue este un trabajo  heroico para el cual fue preciso derrumbar paredes con las manos.

Entre sus obras monumentales es posible citar su Música colonial cubana, tomo 1, publicada por la Editorial Letras Cubanas, en 1979; La Habana; historia y arquitectura de una ciudad romántica, escrita en colaboración con María Luisa Lobo y Alicia García Santana, en 1999; Memorias en las piedras (Historia de la litografía en Cuba, siglo XIX), publicada por la Editorial Boloña con prólogo del poeta Eliseo Diego y presentación de la Dra. Graciela Pogolotti; y Vocablos en lenguas africanas en la música popular cubana, escrito en colaboración con la etnóloga cubana Natalia Bolívar. Recientemente ha publicado su obra Cuba; música, músicos e intérpretes, ensayo del quehacer musical desde el siglo XVI hasta inicios del siglo XX, también editada por la Editorial Boloña, la cual ha merecido el Premio de la Academia de la Lengua

Pero a esta bibliografía en sí misma monumental hay que añadir dos obras aún sin publicar: Las etiquetas cubanas de habanos y cigarrillos, del siglo XIX y El humor y la sátira en publicaciones cubanas del siglo XIX, y  otros estudios de sólida investigación sobre cultura cubana e historia de Cuba y España.

Zoila Lapique ha colaborado intensamente en publicaciones periódicas y libros especializados en Cuba y en otros países como Italia, España y Estados Unidos. En Italia, la Universidad de Parma le publicó, en 1989, el título Giovanni Bottesini en Cuba; en España, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, de Madrid, sacó a la luz su libro Los sucesos de la historia de España y Cuba en las etiquetas de los habanos y cigarrillos cubanos; y en 1998, la Editorial Calles de Madrid, su prólogo a la edición crítica del Ensayo político sobre la Isla de Cuba, del barón Alejandro de Humboldt.

En Cuba, sus estudios “Aportes franco-haitianos a la contradanza cubana; mitos y realidades” y  “Presencia de la Habanera”  fueron publicados en 1998 por la Editorial Letras Cubanas, en la antología Panorama de la música popular cubana.

De sus estudios publicados en revistas cubanas resulta muy significativo “Ignacio Cervantes. Cuba en sus danzas”, en Debates Americanos y sus colaboraciones en la Revista de la Biblioteca Nacional José Martí y en el Anuario Martiano publicado por la Sala Martí, dirigida entonces en la BNCJM por Cintio Vitier. En la Revista de la BNCJM más de una decena de artículos, sobre bibliografía nacional, historia de esta institución, los talleres litográficos, la música en las revistas cubanas, y la Revolución del 68 a través de la prensa integrista, entre otros, enriquecen el acervo cultural de esta publicación casi enciclopédica y ya centenaria.

Durante más de 20 años Zoila Lapique formó parte del tribunal que otorga las categorías de investigación en el Ministerio de Cultura y pertenece actualmente a la sección de Musicología, Historia y Crítica de la Música de la Asociación de Músicos de la UNEAC.

Por su obra y sus servicios a la cultura cubana ha recibido prestigiosos premios como el Premio Pablo Hernández Balaguer de Musicología, conferido 1974 por sus estudios sobre la prensa musical en Cuba en el siglo XIX;  el Premio Nacional de Ciencias Sociales 2002 que convoca anualmente el Instituto Cubano del Libro y la Academia de Ciencias de Cuba; y últimamente el Premio Nacional de Investigaciones Culturales 2010 otorgado por el Instituto de Investigaciones y Desarrollo de la Cultura Cubana Juan Marinello, del Ministerio de Cultura de Cuba.

Sin lugar a dudas la obra de Zoila Lapique ocuparía lugar cimero, si se compilara una bibliografía cubana de obras monumentales, del mismo modo que en el siglo XIX se produjo la obra de los primeros historiadores o la obra de don Ramón de la Sagra, y en el siglo XX, la obra de don Fernando Ortiz, por solo citar dos casos de aportes sustanciales y cuantiosos a la historia de nuestra cultura nacional.

Pero Zoila Lapique no solo debe su grandeza a su sólida erudición, a su ejercicio como bibliotecaria y como investigadora de nuestras ciencias sociales, sino que merece otros elogios como ser humano por su generosidad sin límites, por su mano siempre abierta, por su tranquilidad de espíritu cuando da algo más que conocimientos a personas queridas en momentos decisivos de la vida y por sus angustias cuando sus fuerzas como persona no pueden ir más allá. Esa es Zoila Lapique la erudita, la creadora, la portadora de nuevos conocimientos y el ser humano excepcional. Ella es esa personalidad que hoy merece el Doctorado Honoris Causa del muy prestigioso Instituto Superior de Arte.



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