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Correo desde la Isla de la Dignidad. Hugo Chávez en el Eje del bien

28/7/2020
Por: Eloisa Carreras Varona y Armando Hart Dávalos, Biblioteca Nacional José Martí

 Homenaje en el natalicio de Hugo Chávez Frías

Por Eloisa Carreras Varona

El 28 de julio de 1954, en Sabaneta, Venezuela, nació Hugo Rafael Chávez Frías, uno de los hombres más grandes que ha dado nuestra América; quien está y estará en nuestras mentes y corazones, porque un líder como él no morirá jamás y cada segundo que pasa, la estatura y dimensión de su muy querida, impecable e inolvidable figura crecerá, con los días, los meses y los años. Este latinoamericano fue tan grande como Bolívar, Martí y Fidel, porque supo vencer al imperialismo; brindarnos la esperanza de un mundo mejor; convertirse en el gigantesco protagonista de las luchas por la libertad, la soberanía, la integración y el desarrollo de nuestra gran Patria Latinoamericana y regalarnos mucho, muchísimo amor.

El propio Chávez refiriéndose al rotundo triunfo democrático-electoral, en las históricas e impecables elecciones que protagonizó y ganó, en su amada patria venezolana, al frente de su Comando Electoral Carabobo, aquel día memorable del 7 de octubre del 2012, dijo: “la batalla ha sido perfecta, una batalla perfecta en toda la línea, una batalla democrática”. Y aquel histórico día nos sentimos muy orgullosos y, asimismo, nos hizo recordar la fuerte presencia del Che en cada una de sus batallas y su agradecimiento por Fidel, Raúl y la Revolución Cubana, a la que tanto amó y a la que sirvió como un verdadero hijo; porque nuestro inolvidable Comandante-Presidente Hugo Chávez hizo suyo, nuestro proyecto revolucionario.

No olvidaré jamás, la vibrante emoción que sentíamos al verlo en el histórico Balcón, en el Palacio de Miraflores, para entonar junto a todo su pueblo las conmovedoras notas del Himno Nacional Venezolano y con su verbo encendido, defender con dignidad a nuestros pueblos; porque él echó andar definitivamente la espada de Bolívar, Martí y Fidel por toda la América Latina.

Hoy lo recordamos desde el cariño, y en homenaje a su memoria, comparto con ustedes este texto que Armando escribió en agosto del 2004, en el que su autor nos trae al inolvidable Comandante Hugo Chávez; al hombre que como Martí y Fidel, encarna la dignidad, el decoro, la decencia, la honestidad, la vergüenza, el honor… de la América Latina toda, y con este trabajo recordamos también, cuan necesitado está hoy el mundo de esas virtudes. 

#¡Gracias hermano-Comandante-amigo de todos los pueblos de nuestra América!

#iQue Viva Chávez por siempre!

#iHasta la victoria siempre querido Comandante!

Hugo Chávez en el Eje del bien

por Armando Hart Dávalos

Cuando en diciembre de 1991, culminó el proceso de desintegración de la URSS y con ella la llamada bipolaridad, señalé que no solo se trataba del final del socialismo en Europa Oriental y el país soviético, sino de la quiebra radical del equilibrio político forjado a partir de la Segunda Guerra Mundial y que el mismo no tenía carácter socialista. Por eso me pareció muy atinada la afirmación que hizo entonces Eduardo Galeano de que era necesario buscar otro muerto. Al desatarse la acción de los Estados Unidos y los principales miembros de la OTAN en los Balcanes, pensé que, si con la caída del Muro de Berlín había concluido el ciclo de la Revolución Rusa, con la agresión a los países balcánicos se había cerrado el ciclo de la Revolución Francesa. 

Tras los sucesos del 11 de septiembre del 2001, se inició una época incierta, tenebrosa y de consecuencias imprevisibles para la humanidad. Alguien dijo que los Estados Unidos ya no volverían a ser como antes; lo cierto es que después de esos hechos y sus dolorosas consecuencias, todos percibimos que comenzó un nuevo capítulo de la historia. Le antecedió la desaparición del campo socialista en Europa Oriental y la Unión Soviética y las agresiones en los Balcanes. Definitivamente marcan esta nueva etapa, los sucesos acontecidos a partir de los atentados criminales en Nueva York y Washington y también la guerra criminal contra Iraq, Libia y toda la injerencia imperialista y desestabilización política en el medio oriente. 

La reacción del ala extrema de la derecha gobernante de Norteamérica tras los criminales atentados contra el pueblo de los Estados Unidos, fue expresada en el discurso del presidente Bush en los días subsiguientes a aquellos dramáticos acontecimientos. Cuando lo leí, vino a mi memoria el golpe de Estado de Fulgencio Batista, el 10 de marzo de 1952, salvando desde luego las inmensas distancias de tiempo y magnitud, porque el dictador cubano con su golpe de Estado, acabó de destruir el vacilante y precario ritmo jurídico constitucional de la república neocolonial e instauró la última tiranía que sufrió nuestro país. 

Por lo pronto, la Organización de Naciones Unidas, representación del sistema jurídico internacional, fue total y radicalmente desconocida y esta institución quedó profundamente afectada por la nueva política reaccionaria instaurada. Los Estados Unidos, tras los dramáticos sucesos criminales, se estremecieron en lo interno y, por supuesto, influyeron a su manera sobre la economía y la política mundial. 

Se confirmó de manera acentuada la crisis del viejo sistema y de la llamada democracia representativa, al extremo de que, en la presente coyuntura de la política internacional, hablar de pluripartidismo está ya fuera de la realidad. Parejamente en el mundo numerosas naciones se enfrentan al problema de la ingobernabilidad. El análisis de la aguda crisis de la democracia representativa y del pluripartidismo se ha convertido en una necesidad apremiante en nuestros días; tal crisis se manifiesta en la falta de credibilidad del sistema, en el abstencionismo cada vez mayor de los electores, en el surgimiento de agrupaciones alternativas que buscan canalizar la insatisfacción ciudadana por otras vías. 

El nacimiento de la institución partido político, en su concepción moderna, está asociado al parlamentarismo británico, primero, con las viejas facciones Whigs y Tories y, más tarde, la Revolución Francesa. De esta forma se reflejaba el enfrentamiento de clases sociales hostiles, o grupos con intereses económicos contrapuestos. Fue precisamente en el seno de la Asamblea Constituyente Francesa donde se perfilaron las facciones de los girondinos y los jacobinos, ambas republicanas, contra los realistas. Estas tendencias actuantes en la vida política de Francia, influyeron considerablemente en otros países europeos dando lugar a partidos que representaban ideas progresistas e incluso a los de orientación conservadora. En América Latina y el Caribe se reprodujo ese esquema político, sin estar presentes aquí las clases sociales que le dieron vida allá. 

Hoy la mayor parte de los partidos tradicionales, antaño enfrentados por heterogéneas ideologías, están insertados en una trama de mezquinas utilidades y privilegios, en la lucha por el disfrute de los cargos públicos, la corrupción y el entreguismo a los intereses de los explotadores extranjeros en general, como lo muestra la aplicación del neoliberalismo. Para amplias masas de electores la política se ha convertido en algo sucio y ha degenerado hacia la politiquería. Se trata de un fenómeno universal, incluso como se recordará, el Sr. Bush cuando resultó elegido presidente para su primera ronda presidencial, lo hizo sin alcanzar la mayoría de los sufragios emitidos y a través de unas elecciones a todas luces fraudulentas.

Este proceso de descomposición tiene una larga historia en cada país en particular, pero haré referencia al caso de Cuba, en la cual en la década de 1950 se mostró en forma descarnada la destrucción del pluripartidismo, al no poder los partidos políticos tradicionales que existían en el país, articular alguna respuesta al golpe de Estado de Fulgencio Batista, que había quebrado el orden constitucional de la nación. Este mismo drama se reveló en Chile, donde el sistema pluripartidista más elaborado y culto de nuestra América, condujo a la victoria del presidente Salvador Allende, el cual fue derrotado violentamente por un golpe fascista cuando él era q el que defendía el sistema constitucional.

Luego de más de doscientos años de vigencia de la democracia constitucional en el mundo, es hora de que comencemos a repensar un sistema institucional que, desde entonces, solo ha envejecido, dejándonos, lentamente, al margen de aquello que más nos concierne.

          En la actual coyuntura la divisa divide y vencerás, que tuvo precisamente en la pluralidad de partidos su expresión cultural y política, ha quedado superada en forma dramática por las realidades de un mundo globalizado.  Martí también nos ofrece una definición válida de lo que significaba para él la política.

Las palabras de Martí deben analizarse hoy a la luz del caso específico de Venezuela, por la repercusión económica y social que tendría la ruptura del régimen de derecho proclamado por la Constitución bolivariana de 1999. Por ello, la próxima victoria en las elecciones en la tierra del Libertador, deberá entenderse como la negativa de su pueblo al torpe propósito de conducirlo por el camino del caos, porque lo cierto es que allí, la única opción válida es la que representa Chávez, lo otro sería la anarquía generalizada. Esto puede observarse cuando se analiza la cuestión del petróleo y sus aspectos financieros, económicos y productivos. Parece que algunas personas sensatas del mundo burgués así lo vienen comprendiendo. Un desequilibrio en Venezuela, como el que provocaría el derrocamiento del presidente Chávez, conduciría a un proceso de consecuencias imprevisibles para la economía mundial.

Hoy los grupos oligárquicos están mostrando a las claras, a través de las propias palabras de su principal cabecilla, las esencias de la maldad y la estupidez de su política. Y es precisamente enfrentándonos dialécticamente a sus dichos y hechos —que es la forma radical de actuar frente a ellos— cómo podemos combatirlos de manera eficaz. 

El Sr. Bush habló del Eje del mal y, desde luego, incluyó a Cuba en esa categoría; pues bien, hallemos el Eje del bien, en oposición a toda su criminal y nefasta política. Para ello comencemos con el análisis de los principios jurídicos que han servido hasta aquí de fundamento al sistema político de los últimos dos siglos, y a los cuales se vinculan íntimamente la cultura, la ética, el derecho y la política solidaria. Por ahí andan aspectos muy importantes para la lucha de ideas que en la actualidad se está librando en Cuba y a escala planetaria.

El emperador de la época de decadencia del imperio yanqui, con su conocida arrogancia y autosuficiencia, dijo en ocasión de la intentona golpista para destituir a Chávez el 11 de abril del 2002 que el dirigente venezolano debía aprender la lección y promover en el futuro un cambio de política. Pocas veces un jefe de Estado ha formulado declaraciones tan prepotentes e insensatas. Porque en realidad quienes tienen que aprender las lecciones de la Venezuela bolivariana, son el Sr. Bush y lo que él representa.  

Martí, con su visión profética del destino de Cuba, y refiriéndose a los mal nacidos en esta Isla, decía que parecía mentira que con tal porvenir hubiera cubanos que atasen sus vidas a la monarquía aldeana y podrida de España. Hoy podríamos también señalar que, con las inmensas posibilidades de convertir a Venezuela en faro de luz que ilumine la integración de nuestros pueblos y ayude al mundo en un momento de grave crisis de la civilización, parece mentira que existan venezolanos y cubanos que aten sus vidas al decadente y corrompido imperio yanqui.

Afirmé una vez en Venezuela, que el presidente Hugo Chávez merecía un Premio Nobel del Derecho. Estoy seguro de que algún día obtendrá este u otro reconocimiento universal por su defensa a la mejor tradición jurídica latinoamericana. Con las enseñanzas y la tradición de aquel extraordinario militar defensor de la Ley, Simón Bolívar, Chávez ―con su formación de este mismo carácter― ha roto la tradición entronizada después del Libertador en América Latina, de que desde los cuarteles se dirijía a los gobiernos; ha exaltado la autoridad de la Ley y del Derecho y la ha colocado como un punto central de su batalla revolucionaria. Ha hecho así un aporte a lo mejor de la cultura jurídica internacional.  

Para empezar a mostrar la certeza de esa afirmación basta subrayar que en medio de una crisis profunda del sistema de democracia representativa y del pluripartidismo, Chávez ha creado un marco constitucional con el apoyo de las grandes mayorías y está llevando a cabo dentro del mismo, una revolución bolivariana consecuente. Es un ejemplo para América y ello solo es factible con la tradición de Bolívar, de Martí y de una larga legión de próceres y pensadores que constituyen la fuente principal de la cultura política y social que necesita la humanidad en el siglo XXI.

La historia de nuestro “pequeño género humano”, exige exaltar el ejemplo que está dando la revolución bolivariana y lo reclaman, además, las necesidades más perentorias del mundo actual. Los académicos latinoamericanos debían iniciar juntos una cruzada para esclarecer la base científica y cultural del proceso emancipador que tiene hoy en Venezuela una experiencia histórica.  

El proceso venezolano —como he dicho— es otra muestra de la crisis política y moral de los viejos partidos tradicionales que carentes de apoyo popular, se han plegado definitivamente a los intereses imperialistas. Corrompidos como están, después de extraerle a Venezuela sus riquezas por más de 50 años, ahora se pintan cínicamente como abanderados de la democracia.

El mérito de Hugo Chávez y del movimiento bolivariano está en haber asumido, con sabiduría, talento e imaginación, el reto de hacer avanzar la revolución manteniendo un creciente apoyo popular dentro del más irrestricto apego a la Constitución. Es el único caso en el mundo que admite un Referéndum para destituir al Presidente de la República; más democrático dentro del sistema pluripartidista no puede ser. He ahí la originalidad de Chávez: enfrentar ese desafío con las reglas del pluripartidismo. Desde luego, esta revolución bolivariana como todas las auténticas revoluciones, necesita en primer lugar, llegar al pueblo como lo ha hecho Chávez, emprender obras de beneficio social de gran trascendencia y asumir las cuatro categorías que forjan el Eje del bien: cultura, ética, derecho y política solidaria. El trabajo desarrollado al efecto por el presidente Chávez está a la vista de todos, confirmado una vez más en la profundidad del proceso bolivariano, en su carácter verdaderamente democrático y participativo. La figura de Chávez alcanza trascendencia universal como digno representante del Eje del bien.






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